Sunday, December 20, 2009

Volver. Atto 1.


Liebe Micha,
He vuelto a Santiago.
Bueno, hemos vuelto. Para Dunia fue la primera vez. Para mí fue el primero volver.
Te lo contaré con este mi Español que sabe a bacalhau, a alho e a caralho. Que nunca tuvo mucha poesía. Se que tu lo entiendes de todas formas. Que me entiendes.
Volví a Santiago por el Camino del Norte, desde el Oceano Mar de Ribadeo, donde hemos parado un dia de Diciembre de 2003, hace seis años- Parámos un ratito para un café o algo así, yendo a Bilbao, te acuerdas?
Bien. No conseguia no pensar en tí.
El viaje todo no fue muy bien programado, porque no sabíamos si el coche conseguira llegar a los quilómetros queridos o si nos hubiera dejado en el medio, con el lio de tener que llamar a el callcenter portugues de la seguradora italiana, para tener ayuda en España. No quería hacerme ilusiones una vez más, ni hacer ilúsiones a María y sus padres, que siempre les prometí que iba y nunca todavía había ido.
Así que ni avisé a Eva, que casi con certeza estaba en Compostela. Bueno ya sabes que el único programa para mí es ir aunque ultimamente me parece de estar demasiado parada, será el miedo de perderlo todo.
Puta vida...ehm, quiero decir...pura vida. “Aguentar cinco minutos más y después cinco minutos más.” (Esta peli, “Bienvenido a casa”, me la enseñó un amigo y un día la verás).
Efectivamente para gustarse siempre lo pequeño y lo que queda afuera del programa es necesario un mínimo de prosa bien cuentada aunque no muy bien pensada y algún perfeccionismo en la acción, jodido de entender para quien se lo programó todo, no sólo los próximos cinco minutos.
Guardo mis planos infinitesimales y se usar bien las coniugacciones. Me conoces. Pero puedo ser yo la jodida de la historia. O la abuela nostálgica que dá consejos inutiles. O el lobo que acaba por hacer daño por causa de estas asquerosas leyes de la naturaleza.
Mira, asquerosas exclusivamente porque las tomamos en consideración sólo cuando tengamos que resolver asuntos cumplicados con nuestra consciencia, o no conseguimos usar alguna o toda parte de nuestro sistema cardio-cerebral.
Santiago: lloré solo unas ordenadas lágrimas al ver a mí casa.
Aparcamos el coche mismo allí en frente de Rua de Touro 5. Bajando las calles y los callejones hacia el cientro, y tambien al volver, me he dado cuenta que las piedras eran jovenes, la ciudad era mia, como si nunca la hubiese dejado. Mí Casa.
Lo siento, porque habia escrito esto hace mucho tiempo, luego cuando volvémos. Ténia mucha más cosas que contar. Bueno, ya te las contaré.
Me he dajado más a mi misma que a Santiago, en algunos momentos.
Estaban aún mis pisadas en el suelo. Pude oir nuestros pasos.
La que parecia mas vieja allá era yo. Las rugas, que mis amigas fingen no ver, parecen unos caminos mucho más pisados de aquella rocha lisa. Unas rugas de sonrisas, unas de malos, demasiados pensamientos.
Me gustaria haber tenido el tiempo para desecharme en piezas de vidro, curarme un poco más. Correr un poco más y distilar unas gotas más, de aquellas gotas que me asombran unas noches. Demostrar a mi misma que tengo los mismos pulmones para gritar cuando me apetezca.
El aire de Santiago cargado de lluvia mismo que no llueva.
El Chino y Teresa nos han reconecido. Te acuerdas? Por la noche, la última, Dunia se quedó a dormir y María y Rafa cuidaron de sú sueño como los mejores hermanos del mundo. Salímos, bebemos unos vasos y chupitos, comemos un grande bocadillo e una trufa milagrosa. En nuestro beber nos acuerdamos de mucho y mucho de tí.
Ténia mucha más cosas que contar. Ya te las contaré. Bueno, se que mí brujo no me abandona.
Un beso.

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